La IA en el año 6000

“Les confieso que soy pesimista sobre las posibilidades de este futuro, pero trabajo cada día para equivocarme”. Senén Barro Ameneiro

Santiago Ramón y Cajal - Neurona piramidal de la corteza cerebral 1904

Artículo original de Senén Barro Ameneiro
publicado en gallego en El Correo Gallego,
Faro de Vigo y La Opinión de A Coruña,

el 15 de junio de 2025

Santiago Ramón y Cajal descubrió y describió la teoría neuronal del cerebro entre otras brillantes aportaciones científicas. Nuestro más insigne científico recibió el Premio Nobel en 1906. Fue un prolífico escritor, y no solo de obras científicas. Son abundantes sus ensayos, obras autobiográficas y hasta poesía y relatos de ficción. Les hablaré de uno de ellos: “La vida en el año 6000”. Se trata de un pequeño relato que pasó desapercibido hasta que décadas después de la muerte de don Santiago lo dio a conocer una nieta suya.

El título no deja lugar a dudas. Nos habla de un futuro muy lejano en el tiempo, y en él describe algunos de los avances que en su imaginación la Ciencia y la tecnología habrían aportado para entonces. A esto volveré, pero antes quiero señalar que Cajal describió un mundo donde también las relaciones sociales eran bien distintas a las de hoy. Por ejemplo, no habría Amor, pues se había eliminado mediante una vacuna el supuesto microorganismo que lo causaba. En su último libro José Antonio Marina también nos propone una vacuna para la insensatez, aunque en este caso muchos daríamos por bueno acabar con ella para siempre.

Según Cajal, en el año 6000 no habría apenas enfermedades, la medicina había sido reducida a una suerte de ingeniería y la manipulación genética alcanzara lo que ya hoy hemos logrado y más. Además, las máquinas harían casi todo el trabajo de los médicos, manipulando datos con complejos cálculos matemáticos.

Contado hoy, quizás no nos sorprenda la imaginación y anticipación de Ramón y Cajal, pero si lo pensamos con algo de detenimiento y perspectiva, la cosa cambia. Con el extraordinario desarrollo de la Ciencia y la tecnología hoy día es bastante evidente que no tendremos que esperar miles de años, ni siquiera cientos, para lograr e incluso superar lo que él describió en su cuento de ficción. Otra cosa es que no debamos hacerlo, como crear categorías distintas de seres humanos para según qué fines. Sin embargo, hace más de un siglo, cuando el conocimiento y los avances tecnológicos eran muy limitados, su conocimiento e imaginación se echaron a volar con enorme anticipación y acierto. ¿Cómo sino pudo imaginar la telemedicina, cuyos primeros pasos no se darían hasta finales de los años 60?

Ya saben que yo me dedico a la inteligencia artificial. No sé si tendría sentido imaginar qué nos deparará la IA para el año 6000, pero yo no tengo tanta clarividencia ni imaginación. De hecho, me temo que a la velocidad a la que avanza la IA y el mundo en su conjunto, nadie podría describir sensatamente lo que seremos en cientos de años, o incluso en unas pocas décadas. Además, no sé por qué extraña razón la ciencia ficción sobre los robots o la inteligencia artificial casi siempre nos lleva a distopías terroríficas, y no me agrada nada imaginar un escenario así, aunque sea plausible.

Pero sí les diré cómo me gustaría que fuese la IA el día de mañana. Me gustaría que fuese solo concebida, diseñada y usada para cosas útiles, evitando las armas autónomas o la suplantación de identidades, por poner dos claros casos de abusos. Que fuese ubicua, pero silente. Estaría ahí, para curarnos, guiarnos, enseñarnos o entretenernos, pero sin que apenas la percibiésemos, al menos no como algo intrusivo o molesto. No nos reemplazaría en ninguna actividad, al menos de un modo no deseado. No nos sometería ni por voluntad propia ni ajena, No serviría para deshumanizarnos, debilitando nuestras capacidades cognitivas por activa o por pasiva. Y, en su misma esencia, buscaría reducir las desigualdades entre nosotros, no amplificarlas.

Les confieso que soy pesimista sobre las posibilidades de este futuro, pero trabajo cada día para equivocarme.